Lc. 6, 27-38

Lc. 6, 27-38

[1]). El amor supera y perfecciona al conocimiento

 

   En la liturgia del día de hoy encontramos dos textos que a una primera lectura tal vez no tengan ninguna relación, pero una lectura más atenta nos permite encontrar un tema  común: “el amor supera y perfecciona al conocimiento”. Es decir que el conocimiento -la sabiduría humana– separado del amor y de la caridad no es nada, al contrario; puede llenar de soberbia al que lo posee aislándolo de los otros. En cambio, el amor une a los hombres y crea relaciones de hermandad. Para iluminar la importancia y el privilegio que tiene el amor sobre la sabiduría, se nos presentan dos textos.

En la primera lectura hemos escuchado las recomendaciones que San Pablo da a los cristianos de Corinto, referentes a comer o no comer la carne que en un principio se había ofrecido a los ídolos. Hay que recordar que el los templos paganos se sacrificaban animales como parte del culto, y luego se vendía o se regalaba esa carne. ¿Podían los cristianos comer de ella? Algunos cristianos, los que estaban más instruidos en la fe y tenían más conocimientos, sabían que no había ningún problema en comer ese tipo de carne porque ellos tenían su fe en un solo Dios que está por encima de los ídolos. Sin embargo otros cristianos, que apenas comenzaban su camino en la fe, tenían dudas si comer o no comer ese tipo de carne. San Pablo recuerda efectivamente que “no es ciertamente la comida lo que nos hace agradables a Dios”. Sin embargo, aunque las deducciones teológicas (conocimientos) de la gente más instruida son justas, San Pablo les recomienda no comer ese tipo de alimentos con tal de no escandalizar a los que aún tiene la conciencia cristiana poco formada. San Pablo les dice: “no vamos a ser mejores por comer o no comer. Pero tengan cuidado de que esa libertad de ustedes no sea ocasión de pecado para los que tienen la conciencia poco formada. (…) Entonces por culpa de tu conocimiento haces que se pierda el hermano que tiene la conciencia poco formada, por quien murió Cristo.”

Por otra parte en el texto del evangelio de San Lucas se nos proponen acciones que normalmente son contrarias a la razón humana y que no pueden ser llevadas a la práctica sino por el amor. Este texto viene después de las Bienaventuranzas y Cristo pide a sus seguidores lo siguiente: “Amen al enemigo, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a los que los maldicen y oren por los que los difaman” ¿Cómo poder entender este nuevo tipo de comportamiento que Cristo nos propone? En efecto, no podemos entender con la “cabeza” –es decir a partir de la razón y de la sabiduría humana– esta nueva forma de actuar; sólo se puede llevar a cabo a partir del “corazón” –es decir del amor y de la caridad hacia el otro–. Jesús lo sabe bien y por eso insiste en precisar que según la lógica de la razón se hace el bien sólo a aquellos que nos hacen el bien, se presta sólo a aquellos que estamos seguros que nos van a pagar, etc. ¿Pero que tiene de extraordinario esto? se pregunta el Señor “También los pecadores aman a quienes los aman (…) También los pecadores prestan a otros pecadores con la intención de cobrárselo después.”.

De lo anterior podemos decir que la “lógica” de Dios no está basada en la razón o en la sabiduría humana sino en el amor y en la misericordia, a ejemplo del amor divino, que aún conociendo de la maldad de algunos hombres hace salir el sol sobre los buenos y sobre los malos. El filósofo Pascal decía: “el corazón tiene razones que la razón no entiende.”

En la actualidad nos preocupamos mucho por tener sabiduría y muchos conocimientos. Los padres de familia ya no saben que hacer (cursos de idiomas, escuelas caras, etc.) para que sus hijos tengan muchos conocimientos y estén mejor preparados para enfrentar el futuro. Sin embargo ¿dónde hay escuelas que nos enseñen a amar y ser humildes ante los demás? Para Cristo lo que nos permite vivir en armonía y crecer como seres humanos es el amor y la misericordia. No se trata de desprestigiar al conocimiento sino de mostrar que viene después del amor, y que necesita ser despertado e iluminado por el amor. Dice San Pablo. “¡Cuidado!, porque el puro hecho de conocer, llena de soberbia; el amor en cambio hace el bien. Y si alguno piensa que el conocimiento le basta, no tiene idea de lo que es el verdadero conocimiento.” Que podamos poner nuestros conocimientos al servicio del amor, con el auxilio de nuestro Señor.  Amén.


[1] “Amen a sus enemigos y hagan el bien a los que los aborrecen”. 1ª Cor. 8, 1-13. XXIII Semana de Tiempo ordinario, Parroquia de San Agustín, Tlalpan, D.F., 11 de Septiembre de 2008.

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