Mc. 3, 7-12

[1]). Jesús busca el anonimato y no la celebridad

 

   En los textos del día de hoy podemos remarcar una semejanza entre David y Jesús. Los dos habían hecho el bien a su pueblo. El primero matando a un enemigo –Goliat–, y el segundo haciendo curaciones. Los dos tal vez en muy poco tiempo se volvieron famosos. La gente quería verlos, hablarles, tocarlos.

El hecho de “sacralizar” a alguien en vez de hacerle bien puede dañarlo, hacerlo inhumano, pretender tomarse por alguien que en realidad no es. Las bailarinas, en la primera lectura, después de que David mató a Goliat, danzaban y cantaban: “Saúl mató a mil y David a diez mil.” Este éxito tan grande después de aquella batalla, es una notoriedad y una popularidad que David no pretendía, y de hecho es una fama que va a poner en juego su vida. Ya que el rey Saúl lleno de celos va a buscar un momento oportuno para deshacerse, matar a David. Por su parte en el evangelio del día de hoy hemos escuchado que Jesús, después de haber realizado varios milagros, era cada vez más conocido. A tal punto que, nos dice el evangelista San Marcos, “Jesús mandó a sus discípulos que dejaran una barca a su disposición para que toda esa gente no lo atropellase.”

¿Qué paralelismos podemos remarcar entre las actitudes del rey David y la del Rey de reyes Jesús? Jesús quiere ser conocido pero de otra manera que por la “publicidad”, lo que se dice de oídas con respecto a él. Él no quiere ser una vedette, como los artistas del espectáculo o del deporte, que ocupan las primeras páginas de los periódicos y de los medios de comunicación. Para él lo importante no es lo que la gente dice de él, no se preocupa por tener un asesor de imagen, o estar siempre en las primeras listas de popularidad. Jesús busca más bien el anonimato y no la celebridad. Lo que a él le interesa es el encuentro personal con cada ser humano. Jesús quiere ser un hombre libre. De la misma manera, David no busca los honores de este mundo. David ha actuado no para buscar un cargo político o popularidad, sino en fidelidad a Dios y a su pueblo. En el futuro de la vida de David veremos que será salvado no por las bailarinas que cantaban alabanzas en su honor, sino por su amigo Jonatán, con quien tuvo una amistad personal. En Jesús de la misma manera podemos observar como, el en futuro de su vida, la multitud que en ciertos momentos lo sigue y lo ovaciona, lo abandonará, quedándose sólo con un puñado de íntimos que lo seguirán hasta el final.

A partir de estos textos podemos afirmar que el encuentro con Dios pasa por el anonimato y no por la celebridad. Quien quiere ser famoso busca la popularidad, quien quiere encontrar a Dios busca un encuentro íntimo con él. Amén.


[1] “Jesús se retiro con sus discípulos a orillas del lago.” I Sam 18, 6-9; 19, 1-7. II Semana de Tiempo ordinario, Catedral Notre-Dame de Paris, 24 de Enero de 2002.

 

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