Mc.6, 30-34

Mc.6, 30-34

[1]). El descanso interrumpido para servir al otro

Nunca haremos lo suficiente por los otros, siempre habrá servicios, ayudas, trabajos suplementarios que podamos hacer por ellos. Los otros siempre necesitarán de nosotros. Y para poder servirlos mejor es importante también pensar en nosotros mismos un poco, es necesario por lo tanto que sepamos descansar.

En este aspecto podemos observar en el evangelio del día de hoy a un Jesús muy humano, que tiene mucho cuidado del estrés que puedan tener sus discípulos y les recomienda descansar. Por lo tanto, después de escuchar todo lo que han trabajado durante su misión, él les dice: “Vamos aparte a un lugar tranquilo para descansar un poco.” El cuerpo y el espíritu necesitan descansar. Tomar por ejemplo algunos días de vacaciones para el cuerpo y algunos días de retiro espiritual para el alma. Y tal vez incluso buscar combinar los dos descansos, corporal y espiritual, a la vez. Es necesario buscar un equilibrio entre el cuerpo y el alma. En el caso de Jesús y sus discípulos, ellos no tuvieron realmente tiempo para descansar ya que la gente los reconoció y los fueron a esperar al lugar a dónde ellos se dirigían. Al desembarcar Jesús vio una gran multitud. ¿Cuál fue su reacción? Nosotros, cuando alguien viene a interrumpir nuestros momentos de descanso, normalmente nos molestamos. Jesús se muestra disponible, no tiene tiempo para comer ya que es comido. Jesús no puede rechazar a toda esa gente que lo busca, y tiene compasión de ellos. ¿Por qué? “porque eran como ovejas sin pastor.” Entonces dejando a un lado su cansancio y sus deseos de descansar “se puso a enseñarles largamente.”

Pidamos al Señor que sepamos descansar, pero que nuestro descanso no sea egoísta, que no nos aísle de los demás. Al contrario, que nuestros momentos de descanso, corporal y espiritual, nos llenen de fortaleza para volver a nuestras actividades en beneficio de los otros con mayor alegría y generosidad. Amén.

 


[1] “Vamos aparte a un lugar tranquilo para descansar.” Hebreos 13,15-17.20-21. IV Semana de Tiempo ordinario, Catedral Notre-Dame de Paris, 3 de Febrero de 2001.

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