Mc. 7,14-23

Mc. 7,14-23

[1]). Aprendamos a purificar las influencias que recibimos del mundo

 

   Estamos en el mundo y recibimos constantemente la influencia del mundo, todo entra por nuestros oídos, por nuestra boca, por nuestros ojos…  Nuestro ser es un receptáculo en el que metemos la “comida” que nos llega del exterior. El hombre es un vientre hambriento que asimila todo lo que encuentra a su paso.

En tiempos de Jesús sus contemporáneos hacían la diferencia entre los alimentos puros y los impuros, es decir aquellos que podían contaminar al hombre, por ejemplo la carne de cerdo y de conejo era considerada impura. Una mujer que tenía sus reglas, una persona que tenía hemorragias, eran impuros por cierto número de días: nadie debía ni siquiera tocarlos. Un leproso era impuro hasta que sanara. El que se había manchado incluso por accidente, aunque no fuera culpa suya, debía purificarse, habitualmente con agua, a veces pagando sacrificios.

Jesús no viene a abolir prácticas religiosas sino que viene a purificarlas y a sacarlas de la hipocresía y del escrúpulo. “Lo importante no es lo que entra en el estomago del hombre sino lo que sale del corazón

¿Qué es lo que entra en el estomago del hombre? No se trata solamente de la comida como alimento que ingerimos y que masticamos con los dientes. Sino de todas las influencias que entran en nosotros a través de nuestros cinco sentidos. No comemos solamente con la boca, también lo hacemos con los ojos, con los oídos, con el tacto, con el olfato. El hombre, decía el filósofo Emmanuel Levinas, es un vientre hambriento, comemos y devoramos todo lo que está a nuestro paso. Cuando vemos una película de cierta manera nos la comemos, al igual que cuando leemos un libro o escuchamos una canción. Todo mediante el conocimiento lo podemos “meter en nosotros” es por esta razón que Picasso en una de sus pinturas pinto al hombre como un gran estomago con dientes, dispuesto a devorar todo lo que se presente a su paso.

¿Tenemos que tener cuidado de lo que metemos a nuestro estomago? Sí, ya que de ello depende nuestra salud. Saber escoger una buena película, un buen libro es casi como escoger el alimento que más le conviene a nuestro estomago, que no le va a perjudicar. Sin embargo al estar expuestos en la sociedad, hay veces que la sociedad “escoge” por nosotros nuestro alimento. Nos dicen las películas que hay que ver, los libros o revistas que hay que leer etc. ¿Cómo poder escapar ante este mercado de “fritangas” que nos quieren imponer? Es aquí donde entra la sabiduría del corazón, aquella sabiduría que habitó el corazón del rey Salomón. En la medida de lo posible yo debo elegir lo que es bueno para mí (espectáculos, libros, pasa tiempos etc.), pero aún estando casi forzados a “dejarnos contaminar” por la alimentación chatarra que nos impone la sociedad, ya que no podemos cerrar los ojos –el estomago- al mundo -debemos aprender a purificarnos desde el interior. Aprender a mirar desde la perspectiva de Dios lo que la sociedad nos propone como alimento, en esto consiste la sabiduría a la que nos invita Dios. Tener un espíritu crítico hacia los alimentos del mundo (la sociedad consumista que nos dice que hay que tenerlo todo para poder ser felices).

Pidamos al Señor que nos ayude a purificar nuestro espíritu a partir de la bondad y de la sabiduría del corazón. Amén

 


[1] “Lo que hace impuro al hombre es lo que sale de él”, 1 Reyes 10, 1-10, Va Semana de Tiempo Ordinario. Seminario Diocesano San José, Diócesis de Nezahualcóyotl, 11 de Febrero de 2004.

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