Mc. 7,24-30

Mc. 7,24-30

[1]). No tengamos miedo al extranjero

Este pasaje del evangelio es un texto desconcertante, ya que parecería que Jesús había previsto limitar su mensaje, al menos en un primer momento, únicamente al pueblo de Israel (y el texto de Mateo 15, 21-28 es aún más claro al respecto). Con respecto a la mujer pagana de nacionalidad sirofenicia que cae de rodillas a los pies de Jesús y le pide que cure a su hija, nos podemos preguntar: ¿Por qué Jesús se muestra tan insensible al sufrimiento de esa mujer extranjera? tal vez Jesús quería ver que reacción tenían sus discípulos ante esa situación particular. En todo caso se trata de una mujer que no es de religión judía y que proviene de otro país, otra cultura, tal vez otra lengua, e incluso otro dios o dioses. En la mentalidad judía de la época había temor a relacionarse con los extranjeros ya que ellos daban culto a otros dioses, y con ese ejemplo constituían una tentación para los judíos que adoraban al Dios de Israel. Aquí encontramos una referencia a la primera lectura que nos habla del rey Salomón, quien a causa de las diferentes esposas y amantes extranjeras que tuvo, le llegó a ser infiel a Dios. Nos dice la primera lectura con respecto a Salomón: “Ellas fueron la causa de que se desviara; pues en su ancianidad, sus mujeres lo llevaron a otros dioses y ya no fue sincero con Yahvé, como lo había sido su padre David.” Salomón, al unirse a mujeres extranjeras, había olvidado lo que Yahvé había dicho a los israelitas: “No se unan a ellas, ni ellos a ustedes, pues se inclinarán hacia sus dioses.”  (1 Reyes 11, 2).

Podemos decir que en una primera etapa  – con la instauración del monoteísmo, es decir la creencia en un Dios único: “Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios es el único”  (Dt.6, 4) – Dios, que es un Dios celoso, se preocupa porque su pueblo no entre en contacto con extranjeros para que no caigan en la tentación de adorar falsos dioses. Jesús es judío y está inmerso en la mentalidad y en las costumbres de su cultura y de su religión. Por lo tanto sabe que no debe entrar en relación con extranjeros. En su evangelio Marcos señala tres características que impedían prácticamente que Jesús entrara en relación con aquella mujer: 1º porque era extranjera, 2º porque era mujer, y 3º porque era pagana. Sin embargo Jesús rompe con las tradiciones culturales y religiosas de su pueblo y accede ayudar a aquella mujer.

En otros pasajes de los evangelios encontramos también el lugar tan importante que ocupan los extranjeros en la vida de Jesús. Por ejemplo el caso de aquel hombre que ayudó a un individuo que había sido asaltado y molido a golpes; aquel hombre, dice Jesús, no era judío sino samaritano (Lc. 10, 25-37). Por lo tanto, vemos como Jesús viene a quitarnos el miedo a entrar en relación con los extranjeros. Y extranjero no es solamente aquel es de otro país, tiene otro color de piel y habla otra lengua; sino también aquel o aquella que está fuera de nuestros esquemas culturales, religiosos, políticos, etc. Me refiero a homosexuales, drogadictos, indígenas, etc.

Que en nombre del amor, y por el deseo de querer ayudar al otro, sepamos vencer nuestros temores hacia aquellos que son diferentes de nosotros. Amén.


[1] Jesús sana a la hija de una extranjera. 1 Reyes 11, 4-13. V Semana de Tiempo ordinario, Catedral Notre-Dame de Paris, 10 de Febrero de 2002.

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