Mc. 8,1-10

Mc. 8,1-10

[1]). De la escucha a la acción

 

Algunas remarcas con respecto al evangelio tan conocido de la multiplicación de los panes.

  1. Una multitud numerosa está con Jesús (cerca de cuatro mil) y ya tienen tres días acompañándolo.
  2. Jesús piensa en las necesidades de sus seguidores y comparte su preocupación con sus discípulos: “Si los mando en ayunas a sus casas, desfallecerán por el camino, pues algunos han venido de lejos.”
  3. Sus discípulos no saben de dónde sacar el pan que se necesitan
  4. Jesús sigue involucrando a sus discípulos y les pregunta con cuantos panes cuentan.
  5. Ellos le entregan los siete panes que tienen, Jesús los multiplica los da a sus discípulos y estos a la vez los distribuyen entre la gente. Con los pescados hace la misma cosa.
  6. Después de haber comido todos hasta saciarse, Jesús despide a sus seguidores y se va con sus discípulos en una barca a otra región.

¿Qué relación podemos establecer entre el texto del evangelio y el de la primera lectura que hemos escuchado? En el libro de los Reyes se nos habla del ambicioso rey Jeroboam, que busca hacerse una “religión a su medida”: le da a su pueblo un dios en forma de ternero, construye sus propios santuarios y crea sus propios sacerdotes. Hay por lo tanto una gran diferencia entre los dos reyes: Jeroboam y Jesús. El primero, Jeroboam, quiere ser servido por la gente y pone a sus sacerdotes a su propio servicio; el segundo, Jesús, se preocupa por las necesidades de la gente y pone a sus discípulos al servicio de la gente.

 

Algunos elementos que podemos remarcar del milagro de la multiplicación de los panes:

  1. La multitud que escucha a Jesús es capaz de pasar tres días en condiciones difíciles de sobrevivencia. Esto nos indica a qué punto Jesús podía cautivar a la gente con sus enseñanzas.
  2. No es la gente quien le pide un milagro, no quieren sacar algún provecho material del Maestro, sino que es Jesús quien tiene compasión de ellos.
  3. Jesús busca mediaciones humanas para hacer el bien. Primero interroga y con esto sensibiliza a sus discípulos, luego hace que ellos mismos distribuyan el pan y los pescados.
  4. Compartir el pan viene después de haber escuchado atentamente la Palabra de Dios. Una vez que el hombre se ha alimentado de la Palabra de Dios podrá más fácilmente socorrer las necesidades de los hombres. La escucha de la Palabra de Dios nos debe de poner en movimiento práctico ante las injusticias y necesidades humanas, de otra manera se convierte en discurso demagógico y mentira. Una religión pervertida como la que se había creado el rey Jeroboam.

Que sepamos estar atentos a la doble dimensión que suscita la escucha atenta de la Palabra de Dios: Unirnos a Dios espiritualmente para trabajar por los hombres materialmente. Amén.

 


[1] La multiplicación de los panes. 1 Reyes 12, 26-32. V Semana de Tiempo ordinario, Catedral Notre-Dame de Paris, 12 de Febrero de 2000.

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