Dios nos busca en cualquier momento de nuestra vida para trabajar por su Reino

Mt. 20, 1-16

[1]).  Dios nos busca en cualquier momento de nuestra vida

para trabajar por su Reino

   El evangelio del día de hoy hace parte del grupo de capítulos que va del 19 al 25, en donde San Mateo nos habla de la crisis que tiene que pasar la Iglesia antes de su establecimiento definitivo. En esta sección hay parábolas hermosas como la que hemos escuchado el día de hoy, en la que se nos habla de conflictos de pensamiento, de criterios distintos entre Dios y los hombres. Esta serie de capítulos, sobre el Reino de Dios, concluye con Mateo 25, el juicio final, en que Jesús nos dice quienes son para él los herederos del Reino. Aquellos que se preocuparon por el hambriento, el sediento, el desnudo, etc.

En la sección del capítulo 20 que hemos escuchado Jesús compara a su Padre con el propietario de un viñedo que necesita de muchos trabajadores para trabajar en su viña. La viña es el Reino de Dios, es decir este mismo mundo en que vivimos y que Dios quiere que produzca y se embellezca día a día. Los trabajadores somos todos los hombres de cualquier época y de cualquier edad a quienes el Señor llama para trabajar en su viña, es decir en su mundo.

¿Cuál es la imagen que Jesús nos presenta de su Padre? La de un propietario de una gran extensión de tierra que sale a buscar hombres para trabajar para él. Es Dios quien busca, es él quien toma la iniciativa, para comprometer al hombre a trabajar para él. Dios, es decir el propietario, sale varias veces al día a buscar gente desempleada que quiera trabajar para él.

Pensando que la vida del ser humano se divide en ciclos de 15 años, podemos decir que: a algunos nos llama desde la infancia o adolescencia, como fue mi caso y tal vez el de muchos de ustedes. Estos somos los hombres que hemos sido llamados desde el amanecer de nuestras vidas. A otros los llama entre los 16 y los 30 años, es decir en la juventud, ellos son los que han sido llamados a media mañana. A otros los elige entre los 31 y 45 años de edad, a la mitad de la vida, ellos son los que fueron contratados a mediodía. Otros más son llamados por el Señor entre los 46 y 60 años, son los que el viñador llamó a media tarde. Y finalmente hay hombres y mujeres que sienten el llamado de Dios para seguirlo después de los 60 años de edad, son los trabajadores que habían estado desempleados la mayor parte del día y que son contratados al caer de la tarde. Como en el caso del buen ladrón que quiere seguir a Cristo unas horas, o minutos, antes de su muerte.

Lo hermoso y maravilloso del texto que nos presenta hoy San Mateo es que el patrón que nos contrata, es decir Dios mismo, no es solamente “justo” sino que es “bueno”. La bondad de Dios supera su justicia. En la sociedad en que vivimos nos es difícil encontrar un patrón como el que se nos presenta el día de hoy, ya que en la mayor parte de trabajos un hombre de más de 46 años ya no les sirve, ya no les reditúa. Los que se creen dueños de este mundo ya no contratan a media tarde y menos aún al caer del día en la vida de un hombre. Para ellos estos hombres ya están viejos, ya no les sirven. No importa que los adultos y los ancianos tengan experiencia, que tengan necesidades vitales por satisfacer, eso a los ricos y poderosos no les importa, no tienen ojos para ellos. De un anuncio que aparece para contratar trabajadores, solamente se contratan muy pocos, aquellos que les convienen. Hoy en día ya es ganancia si se tiene trabajo aunque no sea bueno, aunque no nos guste. Hay personas que tienen que pasar una parte de sus ganancias a sus dirigentes para que los siga contratando, o mujeres que sufren acoso sexual por parte de sus jefes, o personas que tienen que dejar su país para encontrar trabajo. Con Dios no hay desempleo. Él nos contrata en cualquier momento de nuestra vida y aunque no tengamos estudios, sin experiencia laboral, sin pedirnos exámenes médicos, sin ser guapos o feos, sin hablar idiomas, etc. Lo único que nos pide es el deseo de trabajar para él, en su viña que es el mundo. Hay quienes están orgullosos y presumen de tener un buen trabajo y de ganar mucho dinero, de trabajar para Carlos Slim o para algún hombre poderoso. San Pablo, en la segunda lectura, presume pero porque trabaja para Cristo. “Hermanos, ya sea por mi vida, ya sea por mi muerte, Cristo será glorificado en mí. Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el continuar viviendo en este mundo me permite trabajar todavía con fruto, no sabré yo que elegir.” ¿A qué trabajo se refiere San Pablo, que quiere seguir realizándolo hasta su muerte? ¿A qué trabajo nos invita el dueño de la viña? El trabajo al que nos quiere contratar Cristo es a construir una sociedad más justa y fraterna. Una sociedad en la que se considere la tierra no como propiedad de unos cuantos, sino como la casa de todos. Una sociedad en la que los hombres podamos vivir como hermanos. Amén.


[1] “Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti.”. Is 55, 6-9; Fil 1, 20-24.27, Domingo XXV de Tiempo ordinario, Ciclo A, Parroquia de La Conchita, Nezahualcóyotl, Estado de México, Ciclo A, 21 de Septiembre 2008.

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