El matrimonio construido sobre la roca

Mt 7,21.24-27

[1]). El matrimonio construido sobre la roca

 

La primera lectura es el Himno del amor escrito por el Apóstol San Pablo, y la segunda lectura es el texto narrado por San Mateo, en el cual Jesús compara al hombre que escucha sus palabras y las pone en práctica con aquel que construye su casa sobre la roca. ¿Qué relación pueden tener estos textos con la boda que hoy celebramos?

Hoy participamos a la bendición de la primera piedra.

 

Haydée y Edmundo el día de hoy comienzan la construcción de un proyecto grande y hermoso que es el matrimonio. Hoy nos han invitado a la bendición de la primera piedra de una construcción que no termina sino con la muerte. Y que incluso en ocasiones va más allá de la muerte.

¿Cuántas parejas se están casando el día de hoy en Chiapas, en Tijuana, en el Estado de México, en el mundo? No lo sabemos. Muchas seguramente. Algunas se están casando por la Iglesia, otras por el civil, y algunas comienzan a vivir en unión libre. ¿De todas estas parejas, que hoy comienzan la construcción de este proyecto, cuantas llegarán felices a la vejez? Desgraciadamente serán mucho menos de las que hoy se están uniendo. ¿Por qué? ¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué si una pareja de novios manifiesta tanto amor el día de su boda algunos años después se están separando? Creo que no hay recetas milagro (para mantenerse unidos en el matrimonio) aún recurriendo a la vidente Madame Sazú. Todo es cuestión de trabajo, de paciencia, de perseverancia.

Jesús dice que el que escucha su palabra y la practica es como el hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Y cuando llegaron los problemas, es decir: lluvia y el viento no pudieron contra ella porque estaba construida sobre la roca. En cambio aquel que escucha su palabra pero no la practica es como el hombre necio que edificó su casa sobre arena. Y cuando llegaron los mismos problemas (la lluvia y el viento) derrumbaron su casa y su ruina fue total.

Cristo primera piedra en su matrimonio.

 

La diferencia entre una casa sólida y otra que no lo es, es el material que usamos y el tiempo que empleamos para construirla. El texto de San Mateo es muy rico en la imagen que emplea para reflexionar ahora sobre el matrimonio. Se trata de construir una casa (lugar de comunión y de armonía) y no un cuarto (en donde cada uno de ellos se va a encerrar, a aislarse del otro). Al casarse por la Iglesia ustedes han querido poner a Cristo como cimiento de su matrimonio. La fe en Cristo es la primera piedra en su matrimonio. Pues bien, hace falta practicar esta fe que hoy están manifestando públicamente. ¿Cómo? Participando a misa, confesándose regularmente, orando juntos, poniendo a Dios en el centro de sus vidas y de sus decisiones.

 

Otras piedras y elementos que entran en juego en la construcción de su matrimonio.

Sin embargo además de la fe en Cristo hay otros materiales que habrá que utilizar para la construcción de su casa. Sólo enumeraré algunos de los que ya nos hablaba San Pablo en la primera lectura, que ustedes han escogido.

  1. El amor. Una palabra muy grande, muy hermosa, y en ocasiones mal interpretada. Ojala que ustedes puedan llegar a decir en su vejez las palabras del filósofo danés Sören Kierkegaard cuando habla del matrimonio: “Pero hay una cosa, sí, por la que doy gracias a Dios con toda mi alma, y es que mi mujer es mi primero y único amor, y otra cosa que pido a Dios con todo mi corazón es la fuerza de no anhelar nunca otro amor. Es éste un culto doméstico, del que igualmente participa mi esposa; porque cada uno de mis sentimientos, cada una de las disposiciones de mi alma, se ennoblecen cuando los hago compartir por ella. Aún los sentimientos religiosos más elevados son más llevaderos cuando se los experimenta al unísono” (en Estética del matrimonio, Ed., Leviatán, p. 12). El amor que hoy se prometen no es por un día sino para siempre. Al igual que con la fe, también hay que saber practicar el amor. Hay que saber “hacer el amor” y no me refiero solamente al amor sexual que es un ingrediente importante en el matrimonio, sino al amor que se “hace” como también se hace una casa y se construye. Hacer el amor da a entender que hay que fabricar, construir, edificar, es una obra que no acaba. ¿Pero qué es el amor que hay que hacer, cómo entenderlo?
  2. San Pablo en su himno sobre el amor nos dice varios elementos que expresan el verdadero sentido del amor: El amor es paciente, servicial y sin envidia. Cada uno de ustedes debe de ser un respaldo para el otro. Tienen que ser pacientes para esperar al otro, que tal vez por momentos parece avanzar más despacio. Serviciales en las pequeñas cosas, detallistas, consentirse, hacerse la vida más sencilla y más hermosa. Crecer sin envidias, al contrario alegrarse por los triunfos del otro. Leo un pequeño  texto que el poeta Libanés Kahlil Gibran escribía a su amada en 1931: “Mi adorada Mary: Bendita seas para siempre por todo lo bueno que me has dado. Siempre que charlas conmigo siento un delicioso dolor en el corazón. Es como si me señalaras la cumbre de una montaña y me preguntaras. “¿Cuándo llegarás allí, Kahlil?” Es bueno saber que la montaña tiene una cumbre. Es todavía mejor tener la seguridad de que nuestra bien amada nos quiere ver mañana allí. Mi vida sólo es un conjunto de notas musicales que tu corazón transforma en melodía. Ojala siempre seamos capaces  de vivir todo lo que hay de sagrado en cada instante. Con todo el amor de Kahlil” (en Cartas de amor del Profeta, Biblioteca de bolsillo, p. 111)
  3. San Pablo continúa: El amor no actúa con bajeza, ni busca su propio interés. Ya desde  el noviazgo me imagino que habrán comenzado a buscar intereses comunes. Pues bien, habrá que continuar no sólo a buscar lo que es bueno para ustedes dos como pareja, sino también lo que es bueno para los otros, para la sociedad. Una pareja crece no cuando se encierra en ella misma y en sus propios problemas, sino cuando abre su corazón a las necesidades y problemas de los demás. La casa que ustedes que hoy comienzan a construir deben pensarla como una casa abierta a los otros, a cualquiera, no solo a los miembros de su familia. El amor que ustedes se tienen debe de ser una bendición para los demás.
  4. El apóstol nos dice: El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Ahorita ustedes, jóvenes y enamorados como están, tienen muy pocas cosas, o tal vez nada que perdonarse. Sin embargo más adelante tal vez habrá momentos de ira, de enojo, de celos, arrebatos en los que se puede perder el control y decir o hacer cosas que molestan al otro. Es entonces que hay que recordar lo que hoy se prometen: “Prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad, en lo prospero y en lo adverso y  amarte y respetarte todos los días de mi vida”. No lleguen a desanimarse en los momentos de dificultad cuando los vientos y la lluvia parezcan destruir su hogar. Y ahora me dirijo a todas las parejas de esposos aquí presentes. Al ver a Haydée y a Edmundo traten de recordar el día de su propia boda, hace 2, 15, 25, 50 años o más. Pregúntense: ¿cómo se encuentra la construcción de la casa que iniciamos juntos hace tantos años? No pierdan el deseo de mejorarla, de seguirla construyendo, no se den por vencidos. No construyan tan sólo una casa de “apariencia” ante los demás, sean ambiciosos en el amor. Si por alguna razón han fallado en su matrimonio tengan el valor de recomenzar, no desde cero, ya que tal vez algo de la construcción aún puede servir, se puede rescatar. Pídanle a Cristo que sea él quien dirija ahora la obra, que él sea su arquitecto, que él los guíe.
  5. Para terminar te deseo a ti querida Haydée y a ti Edmundo que siempre busquen crecer en el amor. Que esa pequeña chispa, que un día los inquietó y comenzó a arder en sus corazones, siga creciendo y se convierta en una hoguera que nos caliente a todos. Como lo decía nuestro querido paisano el poeta chiapaneco Jaime Sabines en aquel hermoso poema que dice: “Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también (con) el silencio: porque las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama: Tu sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: “Que calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar?”, “se hizo de noche”. Entre las gentes. A un lado de tus gentes y las mías, te he dicho: “Ya es tarde”, y tu sabías que te decía: “Te quiero” (en Jaime Sabines en Bellas Arte, “Espero curarme de ti”, CD).

Para terminar, concluyo con las bellas palabras de San Pablo que nos dice: “El amor nunca pasará (…) Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor, los tres. Pero el mayor de los tres es el amor”.  Que así sea en sus vidas, amén.

 


[1]). “La casa edificada sobre la roca”. I Cor. 13, 1-13, Matrimonio de Haydée Rodríguez Hdez. y de Edmundo, Chiapa de Corzo, Chiapas, 3 de Febrero del 2007.

 

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