Semana Santa en tiempos de coronavirus


La experiencia de la Semana Santa 2020 será muy particular y diferente a las vividas en otros años. Será sin multitudes, prácticamente sin gente, sin viacrucis por las calles, sin posibilidad de recibir los sacramentos. Tal vez en Europa –pienso en las dos guerras mundiales del siglo XX o también en algunas grandes epidemias– se suspendió también la liturgia durante la semana que los cristianos llamamos: “Semana mayor”. En China, y en varios países ateos, se ha perseguido a la iglesia durante muchos años y los cristianos no saben lo que significa celebrar públicamente los oficios más grandes del misterio cristiano. En México fue la revolución cristera –por cuestiones políticas– lo que hizo que se suspendieran (se prohibieran) las celebraciones religiosas de 1926 a 1929. 

Lo que quiero decir es que este año no será la primera vez (a nivel mundial), ni tal vez la ultima, en que los cristianos tengamos que realizar nuestras grandes celebraciones litúrgicas de manera privada, intima, humilde, discreta. Y con lo que estoy diciendo recuerdo el inicio de las primeras comunidades cristianas que nacieron en las catacumbas, encerradas, con miedo a la muerte. 

Con esto no quiero decir que la historia del cristianismo sea cíclica (que se repita lo mismo cada cierto periodo de tiempo) o que progrese (al estilo de Hegel), o que retroceda. La historia del cristianismo es una vivencia personal y colectiva que se desarrolla en cada nacimiento, en cada generación humana, en cada momento histórico. 

Vivir la celebración de la última cena del Señor con sus apóstoles, su pasión, muerte y resurrección, no es un acontecimiento histórico del pasado que realizamos como “obra de teatro” los creyentes para el tiempo presente. Los oficios litúrgicos actualizan, hacen presente aquí y ahora la pasión, muerte y resurrección del Señor. Por eso se pide a los fieles seguir en “directo” (por medio de la televisión, radio, teléfono o internet) la trasmisión de los misterios que se están celebrando en ese preciso momento. Podemos ver una película histórica para tratar de “imaginarnos” cómo pudo haber sucedido tal acontecimiento, podemos ver una obra de teatro sobre acontecimientos pasados y “casi sentir” que nosotros también estuvimos allí. La participaciónen los oficios litúrgicos es algo totalmente distinto a una representación histórica, es vivir en carne propia lo que sucedió por vez primera hace 2000 años pero que sigue sucediendo cada vez que un celebrante realiza esos misterios de nuestra fe. En la celebración de cada misa (a la hora y en el lugar que sea), Cristo muere en la cruz para alimentarnos de él cuando el sacerdote eleva y consagra el pan y el vino. En el oficio del domingo de resurrección vivimos como “novedad” la victoria de Cristo sobre la muerte. 

No es la cantidad de personas congregadas en un mismo lugar lo que garantiza la eficacia de los misterios que en estos días celebramos. Cristo dice: “dónde haya dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo” (Mt. 18,20). No es la belleza de los templos, que hoy están y mañana son escombros, lo que hace que las celebraciones sean hermosas. Cristo dijo refiriéndose a la belleza del templo de Jerusalén. “Algunos, hablando del templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas. Entonces Jesús dijo: “De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra.” (Lc. 21, 5). Lo único que puede hacer que una celebración litúrgica vuelva a repetirse en el espacio y el tiempo (para una sola persona y para toda la comunidad) es la fe

Hermanos cristianos (católicos, luteranos, metodistas, ortodoxos, etc.) no os desaniméis. Esta Semana Santa 2020 será aún más hermosa que las anteriores porque la viviremos en un contexto de miedo, de crisis, de enfermedad. No será la primera vez que nos encerremos en nuestras casas por temor. “Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los dirigentes judíos, entró Jesús y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. —¡La paz sea con ustedes!” (Jn. 20, 19). Es la adverdidad la que nos ha hecho fuertes en las dificultades históricas que hemos vivido, y es la adversidad la que nos hará fuertes ahora. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero Él estaba dormido. Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!”. Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”  (Mt. 8, 24-25).

Es en los momentos de adversidad donde debemos ser más creativos, más inventivos, más audaces. Tenemos que aprender a renovar nuestras liturgias (muchas de ellas ya muy rancias y que no ayudan a los fieles a unirse con Cristo); tenemos que salir del clericalismo (que en muchos casos controla y dirige todo); tenemos que apoyarnos de las nuevas tecnologías (que pueden ser un medio extraordinario para la evangelización).

Ya para terminar y como ejemplo de creatividad cristiana recuerdo la contraseña que utilizaron los primeros cristianos para poder reunirse y realizar sus celebraciones a puerta cerrada, en la clandestinidad y el temor: utilizaron el símbolo del pescado. El símbolo de la cruz que ahora nos identifica vino después, al principio fue el pescado. ¿Por qué el pescado? Porque pescado se dice en griego (la lengua en que fue escrito el Nuevo Testamento) IXTUS. Y ellos encontraron que la palabra Pescado = IXTUS representaba bien a los seguidores de Cristo por tres razones:

Ichthys - Wikipedia, la enciclopedia libre
  1. Porque Jesús les había dicho: “Síganme y os hare pescadores de hombres”
  2. Porque varios de ellos habían sido pescadores antes de dejar las redes y seguir a Cristo.
  3. Porque de la palabra IXTUS se forma un acróstico muy hermoso y  significativo y que es el siguiente:

  = Iesus (Jesús)

X  = Xristo (Cristo)

T  = Teo (Dios)

= Uios (Hijo)

= zoter (Salvador)

Uniendo las palabras que de PESCADO = IXTUS, Encontramos la frase “Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador”. 

En los primeros siglos del cristianismo reunirse para participar de la liturgia era una cuestión de vida o muerte, los podían tomar presos y matarlos. El Coliseo romano fue el escenario de varios asesinatos horrendos de los primeros cristianos. Por eso ellos buscaron la manera de protegerse, pero al mismo tiempo de relacionarsecon otros cristianos. Y encontraron el símbolo del pescado esta manera de identificarse en la clandestinidad. Particularmente de dos maneras.

a). Cuando en la calle, en la plaza, etc., encontraban a alguien que parecía que ya era cristiano (por su manera de comportarse, de hablar, etc.) dibujaban en el suelo con el pie, discretamente, un medio circulo. Y si la otra persona era efectivamente cristiana dibujaba el otro medio circulo para formar el pescado. Eso significaba que los dos eran cristianos y podían hablar con confianza.

b). Cuando alguien llegaba a una ciudad nueva para él y quería buscar cristianos para participar de los oficios que se hacían de manera clandestina, buscaba si alguna casa tenía dibujado en cierto lugar preciso un pescado. Eso significaba que allí había cristianos y podía entrar y participar en los oficios litúrgicos sin temor.

Pienso que ahora las redes sociales están cumpliendo este símbolo de ser medios de encuentro y de evangelización. Son los nuevos pescados del siglo XXI. Esta Semana Santa 2020 no seremos los primeros cristianos que la viviremos encerrados y con temor. Sin embargo, es necesario que todo lo que estamos viviendo ahora nos sirva para que, cuando pase este tiempo de pandemia, seamos mejores. Que al abrir los templos nuevamente para ofrecerlos al espacio publico seamos más humildes, más comprometidos, más solidarios y fraternos. Feliz inicio de Semana Santa.

Loma Bonita, Nezahualcóyotl, Estado de México, Domingo de Ramos, 5 de Marzo 2020

Reflexión ética en torno al Coronavirus


Francisco Xavier Sánchez Hernández

   En estos días de pandemia [Enfermedad que se extiende a todo el pueblo sin distinción, del griego pan(“todo”) y démos (“pueblo”)], comparto esta reflexión ética sobre lo que ahora vivimos como humanidad, con respecto al reciente virus del covid-19 y todo lo que está causando. 

¿Qué es lo que el coronavirus ha venido a revelarnos como humanidad? Considero particularmente los siguientes aspectos que estamos descubriendo de nosotros mismos, como especie humana, y que tal vez habíamos olvidado: nuestra vulnerabilidad, interdependencia, autoconocimiento, profunda desigualdad social, y espiritualidad.

1. Vulnerabilidad. El coronavirus nos ha hecho descubrirnos frágiles, contingentes, efímeros. Hoy estamos y mañana tal vez no. Este virus nos ha demostrado que “TODOS”, sin excepción, somos mortales: príncipes, actores, ricos y pobres, judíos, católicos, creyentes y ateos. Nada más democrático que la muerte, que puede llegarnos en cualquier momento y que ahora la podemos vislumbrar como una sombra que se nos asecha. Ya nuestro poeta nacional Nezahualcóyotl (prefiero que sea él, y no Octavio Paz, nuestro máximo orgullo en la poesía) decía: “No para siempre en la tierra. Sólo un poco aquí. Si es oro se quiebra, si es plumaje de quetzal se desagarra. No para siempre en la tierra, sólo un poco aquí.” El miedo a la muerte debe hacernos centrar en lo esencial, y lo esencial no son especulaciones filosóficas como lo pretende Martín Heidegger, sino el riesgo a morir sin haber amado lo suficiente, sin haber vivido en plenitud cada día. Como herederos de la cultura mexicana, y más aún como creyentes, no debemos tenerle miedo a la muerte sino a estar muertos en vida. Que cuando la muerte llame a nuestra puerta nos encuentre plenamente vivos, es decir con un corazón lleno de amor y con una sonrisa en la cara. Que podamos decir durante nuestros últimos suspiros lo que el poeta Amado Nervo decía: “Amé, fui amado. El sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”

2. Interdependencia. Hasta antes del coronavirus habíamos “pensado” la globalización, ahora la “vivimos”. Vivir en un mundo interconectado era sinónimo de economía, deportes y noticias al momento, ahora sabemos que una persona enferma, en un poblado remoto de China, puede infectar a toda la humanidad en pocos días y semanas. El mundo se ha convertido en un poblado gigante en el cual cuando alguien estornuda en algún lugar del planeta, todos nos estremecemos. Todo está interconectado y esto lo habíamos olvidado: la naturaleza, los animales y sobre todo los seres vivos. Un incendio forestal en Brasil o en Australia nos perjudica a todos, y el progreso de un científico en su laboratorio nos beneficia a todos. Me parece que hasta hace apenas unos meses no habíamos entendido lo que significa la interdependencia humana como corresponsabilidad ética y se manejaba prácticamente desde un punto de vista puramente comercial y económico.  

3. Autoconocimiento. Nos conocemos y conocemos a los demás en las alegrías, pero sobre todo en las penas. Esta cuarentena forzada, encierro en los hogares al que estamos siendo sometidos, nos revela cosas que tal vez no habíamos descubierto o explorado de nosotros mismos. ¿Cómo manejar nuestro tiempo, nuestro ocio? ¿Cómo vivir tanto tiempo y en un mismo lugar con personas con las que antes convivíamos poco, por cuestiones laborales, educativas, etc.? Ahora tenemos tiempo para nosotros y para los demás del que antes no disponíamos, ¿qué vamos a hacer con él? ¿Cómo manejamos nuestro aburrimiento, nuestros deseos de salir, de hace deporte, de hacer, siempre hacer…, de siempre movernos? De pronto el ser humano se ha convertido en sedentario y esto a algunos les puede causar temor. Este tiempo forzado de inmovilidad hace patente que puede existir otro ritmo en la vida más tranquilo, menos agitado, incluso tal vez más humano. Y mientras los seres humanos nos aislamos y sufrimos en nuestros refugios temporales, la naturaleza se regocija y el ecosistema se regenera. Los animales transitan libres sin la asechanza del cazador, el aire se purifica y la naturaleza entera parece agradecer a Dios, esta tregua de descanso. Tal vez ahora con más tiempo disponible nos demos cuenta de que no valemos tanto por lo que hacemos y por lo que producimos, sino por lo que somos cada uno, aún o sobre todo, gracias a la inmovilidad.

En estos días de pandemia el ser humano se revela tal cual es y saca lo mejor, o lo peor, de él mismo, comenzando con los dirigentes políticos. Para algunos de ellos lo que importa no es realmente la salud del ser humano sino de la economía. Basta con escuchar en estos días los mensajes de varios presidentes del mundo para saber cuales son sus prioridades como políticos.

4. Desigualdad social. Que vivimos en un mundo terriblemente marcado por las diferencias sociales ya lo sabíamos, pero ahora se manifiesta de manera descarada. Somos pocos (incluyéndome a mí como profesor universitario) los que podemos darnos el “lujo” de no salir a trabajar y poder sobrevivir dignamente en estos días de paro forzado. ¿Pero qué pasa con la gran mayoría de la población en el mundo? ¿Con los que viven o más bien sobreviven de lo poco que salen a buscar cada día “fuera” de sus hogares? ¿Quién los va a alimentar? Proteger la salud en tiempos de pandemia es un lujo que pocos podemos darnos. Los hospitales públicos pronto se irán llenando y los privados sólo atenderán a los que tengan recursos. A decir verdad, el miedo a morir por causa del coronavirus es una preocupación burguesa, los pobres ya morían de hambre, de desnutrición y de falta de servicios públicos antes de que esto sucediera. 

5. Espiritualidad. El escritor francés André Malraux decía que: “El siglo XXI será espiritual o no será”, aquellas palabras dichas en la segunda mitad del siglo XX hoy resultan proféticas. Lo que ahora vivimos hace que muchas personas busquen ayuda en la trascendencia divina. Nos sentimos impotentes, debiles, necesitados de protección. Necesitamos que “Alguien” más nos ayude, porque nosotros solos no podemos. No me refiero a la busqueda de una religión particular sino a la busqueda de Dios, a la sed de Dios. Los ministros religiosos debemos dejar a un lado rivalidades proselitistas e intereses económicos para centrarnos en lo esencial, ayudar a la agente a vincularse con Dios. La cancelación de misas y de oficios divinos nos deben hacer más humildes y cercanos al pueblo. Las celebraciones virtuales, los rezos a una misma hora y las cadenas de oración, nos deben asegurar que Dios se encuentra en todos los hombres y mujeres de buena voluntad que acuden a Él de diferentes maneras, llamandolo con distintos nombres, pero con las mismas lagrimas en los ojos.   

   La pandemia que ahora padecemos debe ser para todos como un “parto” que nos permita –como individuos y como humanidad– “nacer” de otra manera. Dejar este encierro forzado en el útero de nuestros hogares para salir de otra manera, distintos, más humanos, más humildes, más solidarios. El filósofo esloveno Slavoj Zizek afirmaba recientemente que, a su parecer, la experiencia mundial del coronavirus nos hará buscar una sociedad más cooperativa y solidaria a nivel global. En cambio, el filósofo surcoreano Byun Chul Han, no es tan optimista y asegura que después del coronavirus la humanidad se volverá más individualista y el capitalismo regresará con más fuerza. ¿Qué sucederá? Lo que nosotros decidamos, el futuro del mundo y de nuestra humanidad está en nuestras manos.

Loma Bonita, Nezahualcóyotl, Estado de México, 27 de Marzo de 2020

La iglesia católica y la mujer


La Iglesia católica y la mujer

Francisco Xavier Sánchez Hernández

Escribo esta reflexión –en el así llamado “Día internacional de la mujer”– pensando en la MUJER. ¿En cuál de todas? En la mujer en general: En la creyente y en la atea; en la puta y en la santa; en la liberal y en la conservadora; en la virgen y en la violada; en la pro-vida y en la pro-aborto; en mi madre, mi hermana, mis sobrinas, mis amigas, mis estudiantes, la mujer que siempre amé, la que me amó, la que ya murió y la que aún está por nacer. 

Ante todo, quiero pedirles perdón por dos razones: porque siendo “hombre” y “sacerdote” no siempre he sabido utilizar estos privilegios para dignificarlas, para defenderlas, para apoyarlas. 

A manera de disculpa les diré que provengo de una familia mexicana de clase baja en la cual el modelo machista y patriarcal era la única manera de conducta. Por si fuera poco vengo de una cultura mexicana ancestral en la cual ser hombre, es ser macho, borracho y mujeriego. Y para terminar provengo de una religión que, a pesar de las enseñanzas y cambios revolucionarios que realizó nuestro Maestro (en favor de la dignidad de la mujer), no deja de tratar a la mujer como sirvienta de los hombres. Como se darán cuenta son muchos años de adoctrinamiento para poder cambiar de la noche a la mañana. Sin embargo, creo que ha llegado el momento de cambiar por ustedes mismas, por nosotros, por la humanidad en general. 

En México (pero también en otras partes del mundo) no podemos seguir tolerando más injusticias contra la mujer por el simple hecho de ser mujer. Basta de niñas violadas, de mujeres golpeadas, de publicidad comercial que utiliza a la mujer como objeto de deseo, de salarios mal pagados, de acoso sexual, de humillaciones, de chistes, de albures, del desprecio y de la aniquilación moral y física de la mujer. Hoy no sólo las mujeres están hartas sino una buena parte de los hombres también (aunque aún hay algunas y algunos que no se han dado cuenta, o no quieren darse cuenta, de que lo que está en juego es la dignidad misma del ser humano).

Tenemos como sociedad, como familia y como individuos que cambiar. No se trata de buscar la “igualdad” entre hombres y mujeres porque nunca seremos iguales. El Señor nos ha hecho diferentes sexualmente, psicológicamente, afectivamente, etc., para enriquecernos. Si una mujer crecer en la sociedad, en la familia, y en la pareja, su compañero crece también. No se trata de igualdad sino de “complementariedad”. “No es bueno que el hombre esté sólo” dice el Señor en el Libro del Génesis. El mundo está mal porque lo hemos construido únicamente sobre el modelo “viril” y “falogocéntrico” del ser humano. Vivimos en un sociedad demasiado violenta, racional y competitiva, que ha descuidado el elemento femenino del ser humano. Nos hace falta la presencia, la voz, la dulzura, la intuición y la riqueza de la mujer en la sociedad.    

Hace apenas unos años la mujer no podía votar para elegir a sus representantes en la vida política. Fue hasta 1955 que se les dio la posibilidad de votar en México. Por otra parte la mayor parte de las religiones –incluida la mía– siguen siendo patriarcales y han entendido muy poco de lo que significa ser hijo o hija de Dios sin importar el sexo de nacimiento o su orientación sexual. En este aspecto debemos estar orgullosos de nuestra cultura mesoamericana náhuatl, que llamaba a Dios “Ometéotl”. Es decir: “Dios de la dualidad”: hombre y mujer. Considero que si en México fuéramos más aztecas y menos españoles, por lo menos en lo que se refiere al reconocimiento de la dignidad de la mujer, tendríamos un sociedad realmente equilibrada.

Por último deseo pedir disculpas a las mujeres por la manera en que una buena parte de la Iglesia católica no ha sabido acompañarlas. Para comenzar recuerdo que en el último gran Concilio concluido en 1965, el Vaticano II, en que se tomaron importantes decisiones para buscar la adaptación (aggiornamento) de la Iglesia a los cambios de su tiempo, de los 2251 obispos participantes y 600 patriarcas y superiores religiosos, sólo se permitió a un grupito de 23 mujeres participar como oyentes. Sí. ¡Aún nos hace falta mucho por avanzar! Y mientras en la Iglesia católica no se reconozca con seriedad el valor y la necesidad de la mujer para la toma de decisiones y para la dirección de la Iglesia, nuestras palabras y acciones carecerán de validez y credibilidad. 

Por último, me da tristeza constatar como algunos jerarcas y prelados mexicanos se oponen a la iniciativa social de convocar a un paro nacional para el día 9 de marzo: “¡El nueve nadie se mueve!” Me parece que a una buena parte de nuestros lideres religiosos les hace falta humildad y sentido común. 

Humildad para saber que no todas las buenas iniciativas provienen de la Iglesia. Ya decía Jesús de Nazaret: “Ustedes deben ser sal y luz del mundo”. En la iglesia católica nos cuesta trabajo tener la humildad de la sal que se disuelve y se pierde para dar gusto a la comida (a la sociedad), muchos desearían seguir teniendo la arrogancia del oro, que brilla, pero no alimenta. Cuando una iniciativa social, de alguna ONG, o incluso de alguna otra religión, es buena, considero que debemos apoyarla sin buscar protagonismos. 

Sentido común para entender que el objetivo principal del día 9 de marzo no es promover el aborto, un partido político, o una ideología particular, sino defender “la vida” y la dignidad que esta implica. Es verdad que algunos colectivos aprovechan para defender sus causas particulares (entre ellas el aborto); sin embargo depende de la sociedad civil reivindicar la finalidad de estos movimientos que es la defensa, protección y dignidad de la mujer en México.

Lamentablemente algunos lideres religiosos actúan igual que nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador (que en muchas cosas va de mal en peor). AMLO considera que las manifestaciones feministas son en contra de él y son promovidas por conservadores y “fifís” que no lo quieren. En la Iglesia hay que quitarnos la idea de que estos movimientos de hartazgo femenino son en contra de ella y promovidos por grupos progresistas que pretenden criticarla y atacar a la familia. 

La defensa de la vida y la dignidad del ser humano son más grandes que cualquier grupo político o religioso porque en ellas se expresa la verdadera identidad de Dios. Un Dios que ha venido para darnos vida y para que la tengamos en plenitud.”

Loma Bonita, 8 de Marzo de 2020, la Transfiguración del Señor.

52. El Guasón (Joker), héroe de una sociedad en crisis.


La película reciente de Todd Philips, Joker (2019), marca un hito en el cine de los grandes superhéroes de Hollywood por varias razones. Por vez primera en la historia del cine estadounidense es un excluido de la sociedad (ciudad Gótica) quien representa al nuevo héroe que la sociedad anhela. Un hombre [Arthur Fleck] que sin haberlo pensado se convertirá en el “líder social” de los oprimidos (Karl Marx); alguien “desequilibrado mentalmente” (Sigmund Freud); y que busca simplemente “vivir y potencializar sus capacidades” (Friedrich Nietzsche). El Guasón es el prototipo mismo de ser humano anunciado por los así llamados “maestros de la sospecha”: Marx, Nietzsche y Freud.

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51. Religiones y sectas. La seducción del sexo, dinero y poder.


  1. Religiones y sectas. La seducción del sexo, dinero y poder.

    En estos días hemos escuchado algunos escándalos de ministros religiosos o lideres de sectas involucrados con escándalos sexuales. Cito algunos ejemplos antiguos y otros más recientes: de la Iglesia católica el P. Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y acusado de abusos sexuales a menores; El “apóstol” Nassón Joaquín García líder y fundador de la secta mexicana Luz del Mundo, acusado de 26 abusos sexuales cometidos en Estados Unidos; Y el líder Keith Raniere, fundador de la secta de superación personal Nexium, que después de adoctrinar a sus seguidoras abusaba de ellas y las marcaba con sus iniciales en sus zonas íntimas. Todo esto sin contar al joven diacono Leonardo Avendaño, presumiblemente abusado sexualmente por un sacerdote y después encontrado asesinado (aunque aquí hay irregularidades y su caso aún está en proceso, no sabemos por el momento con exactitud quienes fueron sus agresores). Sólo cito algunos de los casos más sonados últimamente.

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50. El incendio de la Catedral de Notre-Dame de Paris incendió los corazones de sus fieles


  1. El incendio de la Catedral de Notre-Dame de Paris

incendió los corazones de sus fieles

A Nuestra Señora de Paris

 

Parafraseando al gran místico francés Charles Péguy podemos decir que: Todas las Catedrales son hermosas, todas son grandes y queridas, pero hay una…, hay una que desde hace ochocientos años ha hecho llorar a millones y millones de hombres: la Catedral de Notre-Dame de Paris.

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